¿Es posible descolonizar la educación llevando el conocimiento indígena a las aulas universitarias, o la academia en sí misma es el problema? En La tierra como pedagogía, Leanne Betasamosake Simpson advierte que el camino de la emancipación no se encuentra en cumplir con las demandas del complejo académico industrial. A través de la inteligencia nishnaabeg, la autora aboga por un aprendizaje profundamente relacional, arraigado de forma directa al territorio y a la comunidad. Un manifiesto ético y político abreviado que sitúa a la tierra no como un objeto de estudio técnico, sino como el proceso, el contexto y la fuente viva de una transformación rebelde.