La obra de Shomei Tomatsu (1930–2012) recorre más de seis décadas de la historia nipona. Tomatsu mira la realidad de una manera extraordinariamente singular, acentuando y forzando las capacidades expresivas y comunicativas de la imagen fotográfica, explorando su potencial simbólico hasta crear una estética que, alejada conscientemente del fotoperiodismo, funda en cierto sentido una nueva forma de documentalismo.