Argenzio produce a partir de molduras comerciales de poliestireno expandido, un cubo vacío y simétrico, que emula la función de cascarón del cubo blanco museístico, un espacio pensado ante todo como contendor. Esta inserción tiene como primera característica un comentario de escala. Ofrece un cubo de tres metros cuadrados compuesto de paneles, a la manera de una estructura modular, como principio fundacional de la arquitectura. La pieza está enclavada en un lugar de tránsito, a fin de producir una reflexión sobre los espacios intersticiales del museo, aquellos que exceden a las salas de exhibición y cuya definición funcional no está establecida.
La segunda característica de la pieza es su material; trescientas cincuenta y siete molduras color blanco componen los muros, el techo y el piso de este cubo, que dispuestas de manera horizontal, se sostienen a partir de una armazón de aluminio. Las molduras son normalmente empleadas con fines estrictamente decorativos, en cornisas y bordes de los muros y techos de las casas, respondiendo a un estilo neoclásico en arquitectura, definida precisamente por el ornamento y la decoración —principios combatidos vehemente por la arquitectura moderna y por el funcionalismo.